sábado, 16 de marzo de 2013

"Y EVA MURIÓ" por M.C.Ginarte


En este mundo imperfecto,
la perfección es un lujo que no podemos permitir.

¿Quién no recuerda haberse despertado un día pensando en dejarlo todo y desaparecer? ¿Quién es capaz de mentirse a sí mismo y decir que cada mañana es un nuevo comienzo que disfruta con las pilas recién cargadas? Eva nunca pensaría en abandonarlo todo, simplemente porque ese todo es lo que la constituye; pero no recuerda ya esos días en los que se levantaba descansada, pensando en que haría después. Hoy por hoy, se acuesta sabiendo de antemano lo que hará al día siguiente, sencillamente porque hace lo mismo día tras día. No es más que un androide programado en modo “madre-trabajadora-esposa” siguiendo estrictamente ese orden, con todo lo que ello implica.
***
Usted solo necesita descansar, nada más; olvidarse de todos sus quehaceres al menos una hora al día y mirar su  vida  en perspectiva. –oír toda esta palabrería hace que me sienta aún peor; puede parecer fácil llevarla a cabo, pero este hombre, sentado cómodamente en su consulta, jamás comprenderá la presión a la que estoy expuesta, simplemente porque jamás se verá frente a frente con ella. Supongo que siempre he sido todo aquello que se esperaba de mí: buena estudiante, trabajadora, organizada,… y, sobretodo, una de esas personas a las que nunca le puede una situación complicada. Ahora, de regreso de otra de esas citas clandestinas, me miró a mí misma y no llego a comprender que es exactamente ese algo que tanto echo en falta. Intento auto-convencerme de que este doctorcillo es el único que puede ayudarme a llenar ese diminuto agujerito del alma que parece no desaparecer nunca. ¿Será por eso que regreso todos los miércoles para pasar  una hora y media con un desconocido desahogando mi dolor;  sabiendo a ciencia cierta que todo esto no sirve para nada?
Mi vida no es más que una tabla de tareas que debo cumplir con diligencia: despertar a los niños tras una noche sin fin en la que mi cabeza no ha parado de dar vueltas saltando de un pensamiento a otro, hace ya mucho comprendí que era inútil luchar contra la vigilia. Dar de desayunar a los peques intentando disfrutar del único momento que puedo pasar con ellos, pero que se convierte en un breve instante lleno de prisas y discusiones intentando evitar que se entretengan demasiado para no llegar tarde. Tras dejarlos en el colegio, vuelvo a casa y comienza mi vida de ama de casa: hacer camas, preparar comida, recoger juguetes, limpiarlo todo,… así hasta que me da la hora de ir a trabajar. Comer sola, a toda prisa, y no volver a casa hasta cerca de las once de la noche, cuando todos, excepto Tomás, están durmiendo. Me gusta asomarme con mucho cuidado a la habitación de los niños y besarles en la frente mientras les arropo ahogando las lágrimas por no poder disfrutar de ellos. Tomás y yo cenamos juntos mientras hablamos sobre cómo nos ha ido el día, cosas banales llenan nuestra conversación mientras yo me pregunto en qué momento perdimos la conexión que nos unía. Tras la cena, me siento tan cansada que suelo sentarme somnolienta frente a la televisión, en el punto más alejado de Tomás, y en poco más de quince minutos, le beso y me marcho a la cama con la cabeza llena de pensamientos confusos.
Resulta agotador no poder cerrar los ojos y simplemente evadirme de todo, ¿por qué mi mundo se ha tornado gris sin apenas darme cuenta? ¿Cuándo ha sucedido? Y ese muro de cristal que existe entre Tomás y yo, ¿cuándo apareció? No sé, tal vez le doy demasiadas vueltas a las cosas y todo sea mucho más fácil de lo que parece; puede que solo sea cuestión de perspectiva, pufff… Todo esto resulta tan frustrante. Mañana será otro día, será mejor que intente dormir algo.

Amanece un nuevo día, como cada mañana Tomás no está a mi lado, hace ya tiempo que se fue a trabajar. Me giro y miro la hora, las 7’05, hora de levantarse. Oigo a los niños revolviendo en la habitación, no sé cómo hacen para levantarse con tanta energía, "como me gustaría que me prestaran una poquita", me digo mientras esbozo una sonrisa.
- Niños, ¿se puede saber qué hacéis? –empieza la lucha diaria. Pero, de repente, fijo mis ojos en el suelo y me doy cuenta de algo: solo son niños, ¿por qué no les dejo ser lo que son?. No hacen nada malo, simplemente están jugando. Recuerdo mis divagaciones de la noche anterior: “puede que solo sea cuestión de perspectiva”.
Levanto la mirada y me encuentro con sus ojos que me miran inseguros, no entienden por qué de repente me he quedado en silencio. Una sonrisa tímida aflora a mis labios, intento reprimir una risotada pero me resulta imposible. Sin darme cuenta estoy riendo a carcajadas y ellos no comprenden nada, simplemente se me quedan mirando expectantes. Esto resulta tan cómico: si llego a saber que esto es tan efectivo para conseguir verlos así lo hubiera hecho antes.
- Vamos niños, a la cocina, hoy desayuno especial –les digo cuando al fin logro recobrar algo de compostura. Ellos abren los ojos como platos, se miran el uno al otro y salen corriendo hacia la cocina. Cuando se han vuelto tan obedientes, pienso mientras surge de nuevo esa sonrisa que acabo de descubrir. Si, tal vez sea cuestión de perspectiva, me repita mientras avanzo por el pasillo.
La cocina está hecha un desastre, Dario mezcla los huevos mientras Jorge prepara la leche con Cacao, prefiero no pensar en todo lo que tendré que limpiar después. "¿Qué más te da?", me digo, es increíblemente gratificante verles disfrutar a mi lado, están felices, se ríen, me abrazan y me besan sin que su dulce sonrisa desaparezca de sus ojos. ¿Por qué no habré hecho esto antes?
Sin darnos cuenta se ha hecho la hora de ir al colegio y, aunque parezca increíble, estamos todos listos, sin discusiones ni gritos; para ellos, y para mí, todo forma parte del juego que mama se ha inventado esta mañana. Por el camino están más habladores que de costumbre, ¿Será por el desayuno especial? No lo sé. Pero,… ¡¡¡NO!!! No son ellos, soy yo, me doy cuenta de que mis hijos no han cambiado; recapacito, echo la vista atrás y hago memoria: todas las mañanas camino del colegio van charlando sin parar, y yo voy enfrascada en mis confusos pensamientos deseando dejar de oír cuanto antes su parloteo, deseando llegar al colegio. Recuerdo una frase que he oído en mi mente tantas y tantas veces: bendito colegio. Pero hoy no, hoy quiero disfrutarlos al máximo, quiero que me cuenten que han hecho, quienes son sus amigos,… deseo verles sonreír para poder grabar en mi memoria esas risas para todo el día, se que así todo me parecerá distinto. Si, tal vez sea cuestión de perspectiva.

De regreso a casa me doy cuenta de hasta que punto ha cambiado mi estado de ánimo, me resulta increíble poder sentirme como me siento. Recuerdo las palabras de Jorge cuando les he dejado en la puerta: “Mamá, ¿me prometes un desayuno especial cada día?, porfiiiiii”. Sonrío como una tonta mientras voy caminando por la calle, que fácil ha sido hacerles felices. Me paro en seco y pienso, y que sencillo comenzar a ver las cosas desde otro punto de vista. No entiendo bien que ha pasado pero estoy encantada, me noto más relajada, menos frustrada. Comienzo a caminar de nuevo, no es el momento de comenzar a pensar en todo esto desde un punto de vista lógico, no quiero que todo se desvanezca como en un sueño. "Déjalo estar", me digo, "no lo pienses más, no hagas lo de siempre, deja de analizar la situación, es perfecta tal y cual es".
Cuando llego a casa la cocina está hecha un desastre, los cojines del salón están por todo el suelo, los pijamas tirados encima del sofá,… Dios mío, menudo desastre, no sé ni por dónde empezar. Menuda mañanita que me espera, en qué hora se me ocurriría dejarles… "¡¡¡ALTO!!!" Me grito, no pienso estropear lo que acaba de empezar, me viene a la mente una frase que mi marido solía repetirme cuando no éramos mas que dos chavales: “relájate y disfruta”. Me sonrojo y esa sonrisa tonta vuelve a mi rostro. Hemos pasado tantas cosas juntos y ahora parecemos compañeros de piso que apenas si se rozan. Le quiero tanto, pero no entiendo por qué nos hemos distanciado. Me quedo un momento parada en mitad del salón, algo entristecida por la situación a la que hemos llegado, supongo que ninguno de los dos tenemos la culpa, simplemente lo llevamos lo mejor que podemos, no sé si conseguiremos superar todo esto, puede que la barrera entre nosotros sea ya tan densa que… "¿PERO QUÉ DEMONIOS ESTAS HACIENDO?" Grito airada. Miro a mí alrededor y sonrío, oigo la puerta de los vecinos cerrarse, se habrán pensado que me he vuelto loca. Suelto una risotada y pienso de nuevo en Tomás, en como me gustaba su espalda y sus brazos, en como nos reíamos abrazados en el sofá, en como disfrutábamos juntos de las nimiedades de la vida. Si, tal vez sea cuestión de perspectiva.
Miro de nuevo a mi alrededor, Madre Mía, como esta todo, será mejor que empiece cuanto antes. Me cambio de ropa, me pongo mi Ipod y, sin saber cómo, me veo escuchando a Huecco, hace años que no lo hacía, y bailando voy recogiendo poco a poco todo el desastre en el que se ha convertido mi hogar siempre perfecto y ordenado.

Miro el reloj, las 11’30, Dios Mío, ya han pasado dos horas y tengo la casa a medio hacer y no tengo nada de comida. Esto no me había pasado nunca, y ahora que hago, noto como mi compañero fiel vuelve a mí. ¿Qué pensará Tomás cuando regrese a casa y se encuentre la casa así? ¿Creerá que me he pasado toda la mañana vagueando? Y los niños, ¿Qué van a comer? Por favor, ¿qué hago ahora? ¿QUE HAGO AHORA? La sangre me hierve en las venas y la ansiedad me estrangula y me aprisiona el corazón. De pronto recuerdo a Jorge y Dario esta mañana, “Mamá, ¿me prometes un desayuno especial cada día?, porfiiiiii”, sus risas,… Cierro los ojos y susurro, “cambio de perspectiva”.
Inhalo profundamente y mantengo la respiración en un intento de encadenar dentro de mí estas nuevas sensaciones que apenas he saboreado. Me voy relajando muy poco a poco, mis oídos despiertan con la voz de Freddy Mercury cantando “Under Pressure”. Y pienso, no quiero sentirme así toda mi vida, tengo que cambiar.
Tardo casi veinte minutos en reaccionar, siempre puedo hacer un poco de sopa y comprar unos filetes, con eso estaría todo solucionado. De repente me imagino a Tomás entrando en casa, viendo todo a medio hacer y en la cocina una sopita y unos filetes. No puedo reprimir las carcajadas cuando veo el asombro en sus ojos, pensará que me he vuelto loca, mi risa se intensifica aún más. Sus ojos sonríen, definitivamente tengo que cambiar de perspectiva con Tomás.

Hoy se me ha hecho tardísimo, como a todo correr, me arreglo un poco y salgo escopeteada a la parada. Nunca había tenido que correr para no perder el autobús, he de reconocer que me resulta gratificante no ser tan perfecta, la imperfección es divertida, pienso ya sentada en el autobús. Esa risa tonta vuelve a mi cara y el hombre que tengo sentado en frente me sonríe en respuesta: "¿Habrá pensado que mi sonrisa era para él?"  Mi amiga la ansiedad regresa a mi garganta, pero me doy cuenta de que ya no me controla como antes, "que piense lo que quiera", me digo mientras miro por la ventana y sonrío de nuevo.

Paso toda la tarde pensando en Tomás, esta noche todo va a cambiar, solo puedo pensar en cómo va a reaccionar, yo apenas me creo lo que me está pasando hoy, estoy algo descontrolada y me encanta. Hacía mucho tiempo que no me encontraba tan bien. La compañera de la mesa de al lado me mira sin dar crédito a lo que ve, supongo que no está acostumbrada a que le hable desenfadadamente con esa sonrisa en los labios que no he consigo borrar. Lo normal es verme, o no verme, enterrada en mi montaña de papeles o perdida en la pantalla del ordenador, sin percatarme de lo que me rodea, sin hablar con nadie, la eficiencia personificada. Pero, y si esto es temporal,  mi rostro se ensombrece, tal vez sea algún tipo de virus que solo dura un día, o un sueño del que despertaré y todo regresará.  Cierro los ojos y me recuesto en mi silla, lo cierto es que ha sido todo demasiado repentino, no tiene mucho sentido,… seguramente ese androide en el que me había convertido a cortocircuitado, ¿y si regresa? No creo poder evitarlo, estoy demasiado acostumbrada a tenerlo todo bajo control,… RECAPACITA, si tanto te gusta analizarlo todo, analiza la situación actual, ¿qué prefieres, estar toda la vida con un nudo en la garganta y la tensión atenazándote el corazón; o estar tranquila y disfrutar de la vida con tu familia? Supongo que la respuesta es fácil, pero llevarlo a cabo será más complicado,… o tal vez no, llevo todo el día controlando al androide y no ha sido tan difícil. "No es más que un simple cambio de perspectiva". Vuelvo a sonreír  y todo mi pesar desaparece, creo que acabo de encontrar el lema que cambiará mi vida, no puedo reprimir la carcajada. Myriam se asoma a través de su ordenador y me mira sin comprender, yo me encojo de hombros, “acostúmbrate, es lo que hay”, pienso.

Salgo de trabajar y en el trayecto a casa voy pensando en cómo se habrá tomado Tomás que la casa no estuviera como suele estar, que la comida no fuera más que una sopa y unos tristes filetes y que no haya dejado nada preparado para la cena. ¿Qué les habrá dado de cenar a los peques? ¿Habrá preparado algo para él? Me temo que nos hemos distanciado tanto que ya no sé cómo reaccionará ante esta o cualquier otra situación.  Mis ojos se oscurecen, ¿podremos solucionarlo? Tal vez ya sea demasiado tarde para reparar el daño; con los niños ha sido fácil, solo tengo que continuar así; pero nosotros somos adultos, mmmmm,… mejor no pensarlo mucho.

Cuando llego a casa le veo sentado en el sofá, “Buenas noches, ¿qué tal ha ido el día?” me pregunta sin apenas levantar la mirada. Es el momento de actuar, las palabras ahora no me servirán de mucho. “Solo un simple pero efectivo cambio de perspectiva” me repito, y descubro que mi nuevo lema me da fuerzas para seguir. No quiero permanecer como hasta ahora, me merezco algo mejor, nos lo merecemos todos, y está en mi mano que todo cambie. “Solo un simple cambio de perspectiva”, le miro desde el umbral de la puerta del salón y redescubro el amor que siempre he sentido por él, una sonrisa pícara resurge en mi rostro. Me quito la chaqueta, dejo el bolso a un lado y el levanta la vista del televisor, sorprendido al ver mi gesto, "¿qué estará pensando?" Me acerco a él, todavía no he abierto la boca y el parece desconcertado, se le ve la confusión en la mirada. Llego a la altura de la mesa baja que está delante del sofá, cojo el mando de la televisión y la apago. Me mira, no sabe si quejarse o dejarlo estar, se revuelve en su asiento, no comprende nada. Esto está siendo realmente divertido y excitante. Me pongo frente a él y le miro, simplemente le observo durante unos segundos, minutos, qué más da. Es el hombre al que he querido toda mi vida y le he ido dejando solo poco a poco hasta llegar a un punto que me daba igual sentir su contacto o no, y hoy, en un breve momento de lucidez al despuntar el día, he comprendido lo que él y mi familia representan para mí. No quiero que esto se me escape entre los dedos, y voy a evitar que ocurra por todos los medios. Me siento a horcajadas sobre sus piernas y el retrocede levemente, no se puede estar más confuso, frunce el ceño y cuando abre la boca para decirme algo tomo su rostro entre mis manos y lo beso como hacía años que no le besaba. Él permanece quieto unos instantes, poco a poco comienza a subir las manos por mi espalda, me abraza y me devuelve el beso haciéndolo más apasionado. Cuando por fin nos separamos el me sonríe y me pregunta: "¿Qué ha pasado?" Y yo le devuelvo esa sonrisa seductora diciéndole: “Solo un simple pero efectivo cambio de perspectiva”.

M.C.Ginarte

sábado, 15 de diciembre de 2012

"Y MI VIDA CAMBIO" por M.C.Ginarte



Luceros en la mañana,
miradas, risas, carcajadas,
campanillas en las ramas ondeando al viento.

M.C.Ginarte

martes, 27 de noviembre de 2012

"HOJAS EN EL ASFALTO" por M.C.GINARTE

Desnuda bajo la lluvia, buscando la cordura, deambula una mujer por las calles de la ciudad. Un cuerpo ya sin alma, una mente sin recuerdos, unos labios pintados de rojo carmesí, mostrando la grotesca sonrisa de una vieja muñeca que ya a nadie divierte, que a nadie hace reír. Dos policías se acercan, la arropan dulcemente ayudándola a subir a la ambulancia que espera, la carroza que la llevará a su último palacio, un sanatorio donde poder desaparecer y no volver a hacer daño a nadie más.

Como todas las mañanas a las siete y media comenzaba la tertulia en el Café de Maika. El ritual era siempre el mismo, Luis era el primero en llegar y cinco minutos después Cesar e Iván hacían su aparición; cada uno cogía un periódico distinto y buscaban una noticia que le llamara la atención, una vez elegida cada cual enseñaba la suya, entre los tres seleccionaban una y la buscaban en los otros periódicos. Era algo que hacían desde hacía años por el mero placer de desayunar juntos y comprobar que distinta se ve la luz dependiendo de qué cortina atraviese.
Cada día, a las siete y veinticinco Luis entraba en la cafetería, daba los buenos días a Maika y se sentaba en la mesa del ventanal con su periódico entre las manos. Siempre comenzaba a leerlo por el final, decía que las mejores noticias siempre se hacían de rogar y que de este modo las pillaba desprevenidas.
- Buenos días Luis –Maika era una mujer preciosa, recordó como ninguno de los tres dudó cuando eligieron aquella cafetería para sus reuniones, solo verla les hacia empezar bien el día–. Aquí tienes tu café: descafeinado con dos sacarinas y tostadas con ajo y aceite –dejó todo sobre la mesa–. ¿Cómo vamos hoy? ¿Has encontrado algo interesante? –Maika llevaba tantos años observando aquel ceremonial que no se resignaba a quedarse al margen–. He ojeado un poco los titulares y uno me ha llamado la atención–le cogió el periódico y rebuscó entre las paginas sin que a él le diera tiempo a protestar–. Mira, es este–dobló el periódico por la mitad y se lo mostró: “Mujer se pasea desnuda durante dos horas por el centro de la ciudad” –. No me negarás que es bueno –dijo mientras se sentaba frente a él–. La verdad, no pretendía involucrarme en vuestra charla matinal –se sonrió–, pero al ver el titular –le susurró mientras se recostaba sobre la mesa– no me ha quedado más remedio.
Luis la miró con gesto confuso, nunca antes había visto a Maika de aquella forma, para él, solo era la dueña de la cafetería donde desayunaban todos los días, era una preciosidad, eso era evidente, pero era la primera vez que aquella mujer mantenía con él una conversación real.
- Es curioso –dijo mientras se recostaba sobre la mesa del mismo modo en el que ella lo había hecho–, ninguno de nosotros podemos negar que te observamos constantemente, pero lo que menos podía esperarme es que fuera un juego de ida y vuelta –se echo hacia atrás de nuevo––. Al menos he tenido la suerte de ser yo el elegido –ambos rieron al unísono–.
Luis cogió el periódico y empezó a leer la noticia mientras Maika recogía la bandeja y se levantaba decidida a atender a las dos mujeres que acababan de sentarse en la mesa de la esquina opuesta del Café. El rostro de Luis fue cambiando a cada palabra que leía convirtiéndose en una mueca cómica, hasta tal punto que, cuando Maika pasó de nuevo por su lado, saltó de la silla y la abrazó eufórico, le dio tal golpe que la bandeja voló por los aires cayendo al suelo junto con los desayunos que llevaba.
- Pero, ¿qué haría yo sin ti?—la besó dos, tres, cuatro veces—. Esto es insuperable, hoy no tienen nada que hacer, están perdidos –volvió a besarla sin importarle que toda la cafetería le estuviera mirando.
- ¿Se puede saber que te pasa? —La voz de César sonó a sus espaldas— ¿has enloquecido? Se oían los gritos desde la calle, creíamos que pasaba algo y hemos entrado corriendo.
Luis retomó su compostura habitual, dobló el periódico y se sentó en la misma silla en la que se sentaba todos los días, cogió la cucharilla del plato, removió el café y se lo llevó a los labios— No tenéis nada que hacer—se sonrió.
- Si me lo cuentan no me lo creo –continuó Cesar sin perderle de vista–, un hombre serio, de buena familia y casado, dando brincos y besando a una camarera en medio de una cafetería atestada de gente –se giró hacia Maika–. ¿Qué le has echado en el café? —acercándosele más le susurró— Tráenos dos, a ver si así llegamos al trabajo más animados. —soltó una carcajada mientras se sentaba entre Luis e Iván. Maika desapareció tras la barra.
-Ya estamos todos—Luis soltó el periódico doblado sobre la mesa— Bueno, empecemos –su voz volvía a sonar tan solemne como siempre–, aunque, como ya he dicho, hoy no tenéis nada que hacer, así que ¿Os rendís o queréis superar mi apuesta?, os aviso que he tenido una muy buena asesora—miró a Maika que le sonreía mientras caminaba hacia ellos con la escoba y el recogedor en las manos.
-Si es así yo me rindo—dijo Iván mientras soltaba sobre la mesa el periódico que acababa de coger—, por una vez que decide participar de nuestro “jueguecito” veamos por donde nos sale.
-De acuerdo—la voz de César estaba llena de resignación—, como queráis. Pero me da la sensación de que hoy ya os habéis levantado cansados: a uno le hacen el trabajo y el otro ni siquiera quiere hacerlo.
Los tres prorrumpieron en carcajadas mientras Luis abría el periódico y les mostraba el titular: “Mujer pasea desnuda durante dos horas por el centro de la ciudad” — ¿Qué os parece? No me negareis que es inmejorable; una mujer completamente desnuda deambulando por el centro de la ciudad, ¿os imagináis que espectáculo?
La cara de asombro de Iván era indescriptible, cogió el periódico y empezó a leer— “Ayer, en torno a las 20’00h., una mujer con iniciales L.V.C., anduvo sin rumbo fijo durante unas dos horas por el casco antiguo de la ciudad. Cuando la policía se personó en el lugar se colocó frente a ella impidiéndole el paso, pero ésta, sin mirarlos, los rodeo y continuó su camino. Según fuentes oficiales, el personal médico aconsejó que la trataran con la mayor delicadeza posible ya que era imposible prever como reaccionaria. Tras sopesar varias opciones, se optó por que dos policías se aproximaran muy lentamente a ella y la taparan con una manta, así, la guiarían hacia una ambulancia que los esperaría al final de la calle con las puertas abiertas. La estrategia funcionó y por suerte no tenemos que lamentar ningún daño. Actualmente se encuentra ingresada en un centro de salud mental esperando la valoración de los especialistas” —cerró el periódico—. Como está el mundo, a este paso todos locos—sonrió.
César cogió su croissant y, mojándolo en el café, dijo— Sinceramente, no sé por qué os llama tanto la atención, no es más que otra loca, cualquier noticia de la crisis hubiera sido más interesante— se recostó sobre la silla con la taza de café en la mano—. A veces os comportáis como chavales.

Aquella consulta parecía más fría y estéril de lo normal. Frente a ellos, un hombre con gafas verdes y pelo cano hablaba y hablaba sin importarle si le entendían o no; aunque, lo cierto era, que tras aquél tremendo shock  poco les importaba ya lo que les pudiera decir, nadie les dio solución en el pasado y posiblemente tampoco se la dieran ahora, sólo querían que su hija volviera a casa.
Tras acabar con toda aquella palabrería, que no les conducía a nada nuevo, Blanca rompió su silencio y con la cara totalmente desencajada le habló:
-Con todo respeto Doctor, hubo un momento, hace años, en el que solo queríamos conocer la causa, poder darle un nombre al mal que consume a nuestra hija para culparle de todo el sufrimiento –se limpió las lagrimas–. Hoy por hoy, sólo queremos llevarla a casa y hacerle la vida lo más llevadera posible.
Aquel hombre se quitó las gafas y las lanzó a la mesa mientras se arrellanaba en su gran sillón de cuero, cruzando las manos sobre el estomago les observó unos segundos en silencio, con los labios apretados sopesaba la situación y el modo de explicarles como serian las cosas a partir de ese momento. Se enderezó apoyándose de nuevo en la mesa, cogió el informe que tenia sobre ella y pasó las hojas sin detenerse en ninguna.
- Me temo que eso no será posible –dijo cuando llegó a la última–. Su hija ha sido detenida por escándalo público, lo cual, por decirlo llanamente, no sería nada si no fuera porque su estado demostraba claramente algún tipo de demencia, estacional o permanente. Esto nos lleva –tomó nuevamente el informe y se lo mostró– al momento presente. Mi intervención ha sido necesaria en este caso para dilucidar si es un episodio aislado o, por el contrario, algo así podría volver a ocurrir –dejó el informe sobre la mesa –. Así las cosas, siento comunicarles que, a pesar de que no puedo afirmar que enfermedad padece su hija, en su informe constan demasiados episodios de pérdida del conocimiento y desorientación; además de una grave tendencia a la depresión, lo cual, unido a su alto grado de despersonalización la convierten en un peligro en potencia para sí misma y para los que le rodean –recogió sus gafas de la mesa y, sin mirarlos, finalizó aquella exposición de un modo tajante–. Permanecerá ingresada hasta que encontremos la manera de evitar este tipo de ataques.
- ¡¿De qué demonios está hablando?! – Lorenzo se levantó airado y golpeó la mesa – ¡Es nuestra hija, por el amor de Dios! –toda aquella ira pareció disiparse al instante, se quedó de pie y unos segundos y al sentarse susurró–. No ha sido más que un episodio aislado.
Aquel hombre pareció quitarse su coraza de médico y les miró a los ojos:
- Se que es lo que quieren creer, pero saben tan bien como yo que en estos momentos no podemos asegurar nada. Por favor, déjennos hacer nuestro trabajo.
Blanca no podía creer lo que oía, aquel hombre le estaba diciendo que su hija no volvería a casa, que se había convertido en un peligro para la sociedad, que ya nada podía hacer por ella salvo esperar. ¿Cómo era posible que tantos años de médicos y tratamientos les hubieran llevado hasta aquél momento? ¿Todo había resultado inútil? Bajó la cabeza incapaz de pronunciar palabra, notó la  mano de Lorenzo sobre la suya intentándola dar fuerza suficiente para soportar este nuevo golpe. Un escueto “Gracias, Doctor” salió de sus labios mientras se levantaba y se dirigía a la puerta ayudada por su marido.
Cuando la puerta se cerró tras de ellos Blanca cayó derrumbada al suelo, no lloró, su cuerpo ya no se lo permitía, era hora de afrontar los hechos.
- Los médicos la ayudarán, o al menos intentarán paliarle su sufrimiento. ¿Cómo podrían no hacerlo?

En una solitaria calle flanqueada por edificios, retumba la voz adormilada de Ana. A través del gran ventanal se la ve recostada en su sofá, con las piernas estiradas sobre una silla y el auricular del teléfono pegado al oído. Es una mujer corriente, aparentemente feliz, con marido, dos hijos adolescentes y un gato blanco que ronronea sobre sus rodillas mientras le acaricia suavemente el lomo.
- ¿Te has enterado de lo de Lucía, la hija de Blanca? –su voz sonaba tan sarcástica como siempre –. Lo cierto es que yo ya veía venir algo semejante, siempre ha sido una niña muy callada: recuerdo que de cría siempre andaba sola.
- Pobre criatura –otra voz femenina le contestó del otro lado del teléfono –,  y que desgracia para la familia. Siempre se les veían tan felices, nunca han tenido un problema con nadie, es curioso ver como las desgracias no hacen diferencias. Quién sabe, no podemos estar seguros de nada –la voz enmudeció.
Ana enarcó las cejas con ese gesto tan característico con el que siempre mostraba a los demás que no estaba de acuerdo con lo que se estaba diciendo. Pero, en ese momento, nadie podía verla, salvo el gato que saltó de su regazo visiblemente asustado cuando ella alzó la voz.
- ¡Te aseguro que algo así jamás me ocurrirá a mí! –le dijo totalmente indignada–. Mis hijos tienen la cabeza bien amueblada, son buenos estudiantes y tremendamente sociables, además, siempre que han tenido un problema han acudido a su padre o a mí, nunca llegarían al punto que ha llegado Lucía: andando desnuda por la calle, montando semejante espectáculo en una de las calles más céntricas de la ciudad –de repente enmudeció, y tras varios segundos retomó su monologo, esta vez en un tono mucho más suave y reflexivo –. Me moriría de vergüenza si en mi familia ocurriera algo así, ¿Te imaginas las habladurías de los vecinos? No sé como no lo vieron llegar e hicieron algo para evitarlo, seguramente no le prestaron la suficiente atención –del otro lado del teléfono nadie contestó. Tras de ella se oyó el sonido de una llave intentando hacer diana en la cerradura, Ana se levantó girándose lentamente–. Espera un momento, creo que mi marido está en la puerta –cuando la puerta por fin se abrió un chico de unos dieciséis años con los ojos enrojecidos se apoyó de un golpe en la pared: había bebido tanto que apenas podía mantenerse en pie. “Otra vez borracho”, pensó. Sin prestarle mayor atención se acercó al gran ventanal y continuó con su conversación:
- Bueno, te dejo, que acaba de llegar el pequeño y vamos a cenar. ¿Te dije que ahora tiene novia? Es una monada de niña, muy educada, estamos encantados con ella, ya te contaré. Mañana desayunamos juntas y hablamos.

No hace mucho Lucía era una mujer alegre, comiéndose la vida a cada paso que daba, luchando incansable por todo aquello que deseaba conseguir. A su lado, un hombre que la amaba, que sería capaz de hacer cualquier cosa por ella, que juró que pasara lo que pasara jamás la abandonaría. Pero una mañana, toda su vida cambió. Al despertar sintió que su alma ya no era la misma, no veía el mundo de igual manera, la gente la abrumaba, su único deseo era la soledad. Algo la incapacitó para percibir la vida como realidad, todo no era más que un mal sueño del que no conseguía despertar.
Se miraba en los espejos y no reconocía la imagen que estos la devolvían, era incapaz de besar al hombre que tanto amaba sin sentir desprecio por sí misma. Anhelaba la soledad porque creía que era el único modo de no hacer daño, pensaba que exiliándose en su propio dolor lograría evitar el sufrimiento a los seres que quería.
Luchó durante años para mantener la cordura, sentía como le era arrebatada la parte más importante de sí misma, se aferró a ella con todo lo que pudo, pero la angustia de ver como la iba perdiendo sin poder hacer nada la consumió de tal manera que en medio de la batalla soltó espada y escudo, dejando que aquella corrosiva fuerza la consumiera sin oponer más resistencia.
Apartaba siempre de su lado a quien quisiera ayudarla, a su alrededor sólo veía dolor, desesperación. Intentó encontrar de nuevo su lugar en el mundo, pero todo la falló; fue a médicos que pudieran ayudarla pero todo fue inútil, no supieron encontrar su mal, no supieron darle una solución, y para encubrir su ignorancia la hacían tomar multitud de pastillas, lo único importante para ellos era ocultar su incompetencia tras cortinas de humo.
Desde muy niña se sentía diferente a todos los demás, de joven solía decir que ella nunca tuvo infancia porque no recordaba ningún momento en el que hubiera razonado como lo haría un niño. Una niña siempre sola, siempre apartada, que poco a poco fue creando un mundo en el que solo ella tenía cabida. A su lado siempre estaban esos seres imaginarios que la hablaban, que la observaban a cada paso que daba, que la protegían. Pero al crecer todo aquello cambió, sus guardianes desaparecieron y se quedó sola en la inmensidad de un mundo que apenas conocía.
Pero, a pesar de todo, la soledad nunca pudo con ella. Se sentía feliz de ser distinta a todos los demás, le llenaba de orgullo poder sentirse especial. No necesitaba nada que ella misma no pudiera obtener, tenía una vida plena, llena de alegrías. Esperó durante años ese hombre que la amara, y ese hombre llegó dándole tanto amor que ella creí estar viviendo un sueño. Estuvo a su lado durante años, y cuando cayó enferma él siempre estuvo cerca de ella.
Nada de esto logró impedir que enfermara, su salud psicológica fue mermándola poco a poco hasta que llegó al punto sin retorno a partir del cual comenzó a sumergirse en una espiral de oscuridad cada vez más y más profunda, de la que ya no era capaz de salir, desde donde gritaba y nadie parecía oírla.
Ahora, observaba la vida pasar desde una fría silla de metal mientras que a su mente regresaba día tras día la misma pregunta: ¿Cuándo la belleza se tornó en oscuridad?

Nadie tiene la culpa,
la transformación simplemente ocurre,
cada día alguien se convierte en una hoja en el asfalto:
inerte, invisible, irrelevante.

PHILIP K. DICK


"La realidad es aquello que, cuando dejas de creer en ella, no desaparece" 
Philip K. Dick (1928 - 1982)

sábado, 17 de noviembre de 2012

GOETHE

"Whatever you can do, or dream you can, begin it. Boldness has genius, power and magic in it." - Goethe. 
(="Sea lo que sea lo que quieres o sueñas, empiezalo. La Audacia posee el genio, el poder y la magia dentro de ella.")

domingo, 11 de noviembre de 2012

"ESE CANTERO" por M.C.GINARTE



En mi mente hay un cantero
Que cincela mi cordura,
Que con mano firme labra
Razón, sentimiento y cura.
Razón para valorar,
Sentimiento para recordar,
Cura para continuar.

En mi alma hay un cantero
Que gobierna mi locura,
Que me grita entre susurros
Cada noche con la luna:
“Sueña, mi niña, sueña,
No temas malas fortunas,
Ni piedras en tu camino,
Ni dunas que te confundan.
Solo corre, se valiente,
Vida no hay más que una,
Si no lo haces ahora
Siempre te quedará la duda.”


Un cantero en piedra grabado,
No se quiebra y perdura,
Su mano en mi hombro apoyada
Me acompaña sin premuras.


M.C.Ginarte

viernes, 9 de noviembre de 2012

"Una Ronda Aburrida" por M.C.Ginarte


Essex Road era el lugar más tranquilo que te podían asignar para hacer la ronda, y aún más un miércoles de madrugada, pero a James tanta tranquilidad y la tenue luz de las lámparas de gas le hacía entrar en un sopor que con grandes dificultades conseguía superar y mantenerse despierto.
- Quiero que me lleve a la comisaria –aquel hombre salió de la nada apestando a cerveza. No le hizo mucho caso.
El hombrecillo se le acercó aún más y le gritó – ¡Quiero que me lleve a la comisaría de policía! Si no lo hace –dijo en un susurro– ésta noche podría asesinar a alguien—los ojos de James le miraron desconcertado–. Soy Jack el Destripador.
Se relajó –Por supuesto, amigo. –Le contestó– usted Jack el Destripador y yo Mary la Sangrienta. Haga el favor de marcharse a casa.
Le he dicho –dijo mientras sacaba una pequeña navaja de su chaqueta– que soy Jack el Destripador, y quiero…
- No haga más tonterías. –Le interrumpió– Váyase a casa antes de que haga algo de lo que pueda arrepentirse.
- No me iré a casa. –Dijo en un sollozo– Allí empezará todo de nuevo—Dio media vuelta y se dirigió a un Pub cercano.
- Pobre diablo. –James volvió a su estado de semivigilia.
De repente oyó un golpe seco. Debía de haberse quedado dormido, sacó su bolsillo el viejo reloj de su padre y vio que habían pasado 45 minutos desde la última vez que lo miró. Se giró hacia el lugar de donde había venido el golpe y aquel individuo enclenque estaba tirado sobre el pavimento a las puertas del Pub, iba tan borracho que no podía mantenerse en pie.
Se acercó a él y cogiéndole por el brazo lo sentó –Amigo, es hora de que acabe la noche.
- Por favor, haga lo que le pido –Le agarró de las solapas de la chaqueta en un sollozo–. Es la única manera de parar esta locura.
- Vamos, le llevaré a casa —Dijo mientras intentaba incorporarlo.
De pronto aquel hombre pareció perder toda la fuerza que le quedaba y cayó de nuevo al suelo.
- ¡NO! En casa es donde empieza todo –Su cara se convirtió en una mueca de terror–. Por favor, arrésteme, es la única solución.
James comprendió que lo único que podía hacer era llevárselo consigo, no era más que un borracho, pero no había otro modo de hacerlo desaparecer de la vía pública. Con la ayuda de otro hombre le hicieron levantarse y se dirigieron hacia el coche, al aproximarse, los caballos se encabritaron  y a punto estuvieron de asestarle una coz al improvisado ayudante. James corrió a calmarlos, tomo las riendas con gran esfuerzo y tirando de ellas le indicó a aquel buen samaritano que se apartara de los caballos. Cuando por fin logro tranquilizarlos se acercó a los dos hombres y, tras esposar al borracho y meterlo en el coche, le dio las gracias al ciudadano y se marchó.

- ¡Agente! No sabe que ya no podemos asumir más borrachos –el Capitán enfurecía por momentos– por qué no lo acompañó a su casa, ¡aquí no somos niñeras de nadie!
- No hubo forma de conseguirlo. –Explicó– No podía levantarse, no sé si por incapacidad de hacerlo o por voluntad propia. Pero el caso es que no tuve otra opción para detener aquel escándalo.
El hombre corpulento de poblados bigotes se quedo varios minutos mirando fijamente al hombrecillo esposado que intentaba esconderse dentro de sí mismo sentado en aquella pequeña silla.
- ¿Cómo una persona de semejante constitución, que apenas si puede con el peso de sus huesos, pretender hacerse pasar por el mismísimo Jack el Destripador?
- Bueno, bueno —Dijo inesperadamente–. No tenemos ni tiempo, ni espacio para ocuparnos de usted.
Miró fríamente a James y le espetó – ¡Agente! Llévelo a los calabozos del palacio de Justicia, seguramente lo juzguen esta misma mañana, no es más que un borracho. ¡Y que sea la última vez que ocurre algo parecido! –Apuntó airadamente a James– ¡¿Me ha entendido?!
Se cuadró ante el Capitán – ¡A las ordenes, señor! –Se giró hacia el hombrecillo y bastante irritado le dijo– ¡Levántese! Aún nos queda por dar otro paseo.
- Maldita la hora en la que me tocó la ruta de Essex Road —Pensó mientras salían por la puerta de comisaría–. Ha pasado de ser un completo aburrimiento a ser un absoluto fastidio.
Cinco o seis horas más tarde fue presentado ante el juez Bros. Y bajo su inquisitiva mirada habló.
- Fueron cosas de borracho, señoría —Explicó–. Quién alguna vez no ha tomado dos jarras de más y ha dicho o hecho tonterías —Se sonrió–. No pretendía dañar a nadie.
- Caballero, una cosa es hacer alguna que otra tontería, –rectificó el juez– y otra muy distinta hacerse pasar por un asesino. No fueron cosas de borracho, amigo mío, fueron cosas de idiota.
Se reclinó en su sillón y continuó – Por consiguiente, le condeno a 21 días de arresto, o bien deberá pagar una multa de cinco libras. –Golpeó con el mazo la mesa y señalándole con él le dijo– No quiero verle más por aquí, la próxima vez no seré tan vehemente –Soltó  el mazo con desgana y se marchó.
El alguacil le quitó las esposas y le acompañó hasta la ventanilla donde debía depositar el dinero.
- Si no tiene el dinero para sufragar la multa –le comentó– podemos avisar a quien usted crea conveniente mientras espera en los calabozos.
- No será necesario. –Sacó su billetera– Casualmente tengo suficientes libras.
Cuando abrió la cartera el alguacil quedó perplejo, al menos había 50 libras. ¿Cómo un individuo semejante podía llevar esa cantidad de dinero?
Aquel pequeño hombrecillo enclenque bajo las escaleras pensando.
- Cómo se puede ser tan necio. Ni siquiera presentándome ante ellos como un borracho desquiciado son capaces de apresarme –Sonrió–. Bueno, nunca tuve mucha fe en la justicia y esto me demuestra que puedo seguir con mi estudio sin problemas.